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EL DEBER DE REINCIDENCIA
DEL ARTISTA
EN EL MARCO
DE ASUNCIÓN DE DESOBEDIENCIA COMO POSICIONAMIENTO

ABEL AZCONA



29 ENERO - 26 FEBRERO 2021




Muestra expositiva conceptual y teórica que alberga la fusión, reactivación y conclusión de una amplia selección de obras procesuales, perseguidas y censuradas de Abel Azcona.

Para comprender una pieza procesual como «El deber de reincidencia del artista en el marco de asunción de desobediencia como posicionamiento» es importante conocer el contexto de la misma. En marzo del año 2019 el juez de un tribunal de Barcelona dicta una orden de búsqueda contra el artista, al no acudir por segunda vez a una citación judicial pendiente como acto de desobediencia civil. Desde ese mes Azcona, que se encontraba realizando una muestra expositiva en la ciudad de Lisboa, decide permanecer en la capital portuguesa. Desde allí diseña un proyecto para reactivar cada una de las obras que le han llevado de forma indirecta a la situación de exilio.




El deber de reincidencia del artista en el marco de asunción de desobediencia como posicionamientoes una obra conceptual y teórica que alberga la fusión, reactivación y conclusión de diversas obras procesuales de Abel Azcona. Mediante una selección de piezas que han sido perseguidas y censuradas y la reinterpretación de las mismas, el artista Abel Azcona plantea un discurso en el que debe prevalecer la coherencia en la figura de desobediencia.

La clave de esta pieza, con mayor base teórica que práctica son los conceptos de reactivar y reincidir. En el momento que reactivamos una obra artística es imprescindible examinar qué implica en cuanto a cambio de paradigma y cómo se ubica la nueva práctica reactivada en el nuevo contexto sin restarle potencial crítico.

Para comprender una pieza procesual como El deber de reincidencia del artista en el marco de asunción de desobediencia como posicionamiento es importante conocer el contexto de la misma. En marzo del año 2019 el juez de un tribunal de Barcelona dicta una orden de búsqueda contra el artista, al no acudir por segunda vez a una citación judicial pendiente como acto de desobediencia civil. Desde ese mes Azcona, que se encontraba realizando una muestra expositiva en la ciudad de Lisboa, decide permanecer en la capital portuguesa. Desde allí diseña un proyecto para reactivar cada una de las obras que le han llevado de forma indirecta a la situación de exilio.

Entre los años 2019 y 2021 encontramos una serie de exposiciones, reactivaciones de performance y encuentros críticos activados por Azcona desde la ciudad de Lisboa con la participación de diferentes colaboradores. En la mayoría de ellos, Abel Azcona reta al sistema judicial acudiendo a cada ciudad y participando en los eventos de forma activa. En cada evento, podíamos encontrar conferencias críticas y teóricas en torno a la desobediencia y al arte como herramienta de confrontación al sistema. De forma indirecta la obra creaba un análisis al lugar de las prácticas performativas y escénicas en el ámbito de los museos y galerías de arte contemporáneo.



Al reactivar cada una de las obras performativas se realizaba un estudio in-situ en torno a la repetición de gestos y acciones radicales e inmateriales, suponiendo un giro hacia el espacio artístico como museo postmoderno, centrado en la producción de hechos o acontecimientos como obra, o bien, hacia el museo tardo-moderno, muy consciente de que las narraciones de la historia del arte sobrepasan el formato expositivo y por ello suma estas prácticas al objeto artístico tradicional.

Abriendo el dilema entre reescenificar, reproducir literalmente y, o reinterpretar, transformar la obra original en un documento susceptible de ser adaptado a otras situaciones o activado por colectivos o sujetos individuales. De este modo, en esta reinterpretación, encontrábamos decenas de agentes locales participando en la misma a modo de “fuente ovejuna”, asumiendo así como propio y necesario el acto de desobediencia y de apoyo y sostén al artista Azcona.

La presente obra aborda la investigación y creación de una práctica artística, partiendo del objetivo de llevar a cabo la reactivación in-situ de las obras de Abel Azcona.

Estos apuntes contemporáneos, realizados en espacios de arte contemporáneo dentro de la disidencia o fuera de lo institucional, elegido al estar Azcona en situación de búsqueda y captura, en ciudades como Murcia, Palma de Mallorca o Burgos entre los años 2019 y 2021, consistían en reiteraciones sintetizadas de obras como Amén o La Pederastia, Political Disorder, La Caída o Enterrados, entre otras. Todas ellas protagonistas de procesos judiciales contra Azcona, y sus correspondientes procesos de persecución, denuncia y manifestación en contra de las mismas.

En esta investigación se han articulado elementos de la teoría y la práctica con el fin de reflexionar acerca de cómo se repiten estas performance con el interés de mantener en activo su historicidad, criticalidad y subversividad. Así, la puesta en escena de esta práctica, buscaba hallar respuestas acerca de cuál sería el tipo de experiencia extra-cotidiana y empedradora que ofrece la reactivación de una obra eminentemente conceptual, llevada a término en el mismo contexto pero años después. Incorporando en esos años, la carga judicial, de persecución, de apertura de agravios y de conmoción vividas por el artista, por el espectador e incluso por los propios colectivos e instituciones denunciadas e interpeladas en las propias obras.

 










Con El deber de reincidencia del artista en el marco de asunción de desobediencia como posicionamiento, la experiencia acontecida se insertó en la cotidianidad de los participantes, del espacio y de las ciudades elegidas. Pudiendo destacar la importancia de la utilización de los cuerpos sincronizados, del artista y de los participantes, en el marco de una práctica entendida como necesidad de catarsis y denuncia. En el desarrollo teórico y práctico se incluye el relato de la experiencia vital del propio Azcona, en coherencia con cada uno de los hechos denunciados en las obras, además de la carga experiencias y vital de cada uno de los invitados a activar cada una de las piezas.

En base a lo anteriormente expuesto, esta investigación u obra procesual, procura ser una memoria del proceso creativo, una forma de explicitar una necesidad de denuncia colectiva y de reivindicar la importancia de la coherencia y reincidencia en cada acto reactivado de las obras originales de Azcona. Todo ello asentado en diferentes relaciones surgidas entre materiales teóricos, instalativos, corporales y de registro fotográfico o audiovisual de cada una de las prácticas concretas realizadas y los múltiples relatos en torno a ellas.

Abel Azcona y su obra artística han sido perseguidas de diversas formas, envueltas en polémica y diferentes procesos judiciales. Las primeras acciones generadas en las calles de su ciudad adoptiva – Pamplona – en 2005 ya fueron perseguidas y el artista detenido en distintas ocasiones.

Las obras generadas en torno a la privación de la libertad, durante los primeros años de creación, generaron gran controversia y se vieron interrumpidas, al igual que las obras con sexualidad explícita como Empatía y Prostitución o Las Horas, inaugurada en la ciudad de Roma, las cuales incomodaron a la opinión pública y fueron criticadas al inaugurarse en ciudades como Houston o Ciudad de México, ciudades donde en el momento de su realización, existían leyes antisodomía o de persecución a la diversidad sexual.

El mismo año 2012, es amenazado y perseguido por su obra Eating a Koran, donde ingiere un ejemplar del Corán en The College of Performing Arts, en la Universidad de las Artes de Berlín. Durante los años 2014 y 2015 es detenido y se cancelan sus exposiciones en Estados Unidos; en 2014, la primera performance Útero, en Houston, es criticada en los medios de comunicación por "sobrepasar los límites de la integridad y poner en peligro su propia vida"; y en 2015, al inaugurar en Miami una muestra expositiva donde doce niños caminaban en una performance dentro de la galería de arte con armas de fuego en sus manos, crítica a las leyes y la permisibilidad de armas en Estados Unidos. La exposición fue cancelada y clausurada y Azcona tuvo que regresar a Europa. Pocos meses después realizó una nueva acción en otra galería, en la ciudad de Chicago, donde mediante una instalación performativa denunció la política e ideología de Donald Trump en su propio cuerpo.

En 2015 es denunciado por la Unión Tradicionalista Carlista y Falange Española por exponer la obra Enterrados en el interior del Monumento a los Caídos de Pamplona.
Amenazas públicas de atentar contra la vida del artista; los jefes nacionales de ambas organizaciones, en escritos y publicaciones, citan la necesidad de “un tiro en la nuca urgente” o una “muerte urgente y ejemplarizante en la plaza pública”.

La obra exigía memoria y reparación para las víctimas del bando republicano y, al ser expuesta en el interior del monumento construido con el fin de exaltar a Franco, Mola y Sanjurjo, fue considerado claro enaltecimiento al terrorismo y una de las más “graves ofensas nacionales de la historia de España”  por sectores conservadores.

La obra de Abel Azcona busca denunciar y visibilizar casos de abuso infantil y ha sido perseguida por ser muy crítica con el abuso infantil en la cuna de la Iglesia. La demanda con mayor repercusión fue llevada a cabo por la Archidiócesis de Pamplona y Tudela, en representación de la Iglesia Católica, quien demandó a Azcona ante el Tribunal Superior de Justicia de Navarra por tres delitos: el delito de profanación y blasfemia, el delito de odio y el ataque contra la libertad y los sentimientos religiosos. En la misma causa se sumaron la Delegación del Gobierno en Navarra, durante el gobierno del Partido Popular, y la entidad Abogados Cristianos, esta última mediante una querella criminal contra el artista. La obra obtuvo una dimensión pública internacional a raíz de numerosas manifestaciones multitudinarias y concentraciones contra Azcona, además de eucaristías de reparación celebradas por los respectivos obispos en catedrales españolas y latinoamericanas. Las tres primeras demandas fueron ganadas por Azcona, con el archivo de las querellas, pero fue demandado y perseguido en numerosas ocasiones más. Archivada la causa del Tribunal Superior de Justicia de Navarra, la querella grupal fue presentada al Tribunal Supremo y fue nuevamente archivada. A pesar de la persecución a Azcona, la entidad Abogados Cristianos, esta vez en solitario, decidió demandar a España al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, por no condenar a Azcona y, según ellos, protegerlo. Cada vez que la obra era expuesta, la querella volvía a formularse, por lo que Azcona fue citado en el Tribunal de Justicia de Palma de Mallorca y en el Tribunal de Justicia de Barcelona. Cinco años de procesos judiciales por las obras críticas con la Iglesia Católica y, más concretamente, con la pederastia. En las últimas demandas de la Iglesia Católica, Azcona decidió declararse en desobediencia, y los denunciantes incluyeron el delito de obstrucción a la justicia en sus querellas.

“La desobediencia está íntimamente ligada a la libertad, de modo que una persona puede llegar a ser libre mediante actos de desobediencia, aprendiendo a decir no al poder o a las formas de violencia que vulneran y precarizan su existencia. Existir en sí mismo ya es violento, pero mayor violencia es no vivir por miedo al disenso. Podría quedarme callado e iniciar otro largo proceso de tribunales, lo sé. Y posiblemente se preguntarán el motivo para indisciplinarme. Lo hago para intensificar la necesidad de que la práctica artística, no deje de ser escenario de posibilidad para aquello indecible, lo que ha sido expulsado, borrado, silenciado. El arte como ese espacio de emancipación que genere potencia en el pensar crítico rebelde y creativo. ”
— Abel Azcona, fragmento de Acto de Desobediencia, 2019

 













La mayoría de obras reactivadas en la idea del deber de reincidencia del artista en el marco de asunción de desobediencia como posicionamiento fueron activadas con la colaboración de decenas de voluntarios que recibieron formación de Azcona en torno al arte como medio crítico, político y de disidencia.

Al presentar el Tribunal de Justicia de Barcelona una orden judicial de búsqueda y captura contra el artista, al no declarar hasta en tres ocasiones, Azcona decidió exiliarse e instalarse en Portugal, en la ciudad de Lisboa, en el año 2019, lo que no ha impedido inaugurar muestras expositivas y obras críticas en el país español, algunas de ellas demandadas de nuevo, dentro de la idea curatorial del deber de reincidencia.

En el año 2016, Azcona es denunciado por enaltecimiento del terrorismo en el marco de su exposición Naturaleza Muerta, donde el artista recreaba, en forma de esculturas, performance e Instalaciones hiperrealistas, situaciones reales e históricas de violencia de temáticas diversas; memoria histórica, terrorismo o conflictos bélicos. Estas obras son reactivadas en el contexto discursivo del deber de reincidencia.

Dos años después, en 2018, es denunciado por la Fundación Francisco Franco por exponer una instalación compuesta por doce documentos que formaban un peritaje de detonación, firmado por un arquitecto, del Monumento del Valle de los Caídos. También es criticado por el Estado de Israel por la obra La Vergüenza, donde el artista instaló fragmentos del Muro de Berlín a lo largo del Muro de Cisjordania, en una instalación performativa crítica.

El mismo año representó a España en la Bienal de Arte de Asia en Daca, capital de Bangladés. Azcona instaló sillas de madera en el Pabellón con niños de las calles de Daca en situación de desamparo, performance que fue interrumpida y cancelada antes de tiempo por las protestas de la organización y los asistentes, contrarios a la imagen que el Pabellón de Azcona proyectaba sobre la Bienal y el país.

La obra Amén o la Pederastia, nacida para ejercer una crítica al abuso infantil en la cuna de la Iglesia Católica, ha sido reactivada en varias en ocasiones en El deber de reincidencia del artista en el marco de asunción de desobediencia como posicionamiento, al haber sido protagonista de persecuciones y denuncias por el Arzobispado de Pamplona y Tudela, en representación de la Iglesia Católica, presentando una querella criminal y dos demandas contra Abel Azcona por tres delitos: el delito de profanación y blasfemia, el delito de odio y el ataque contra la libertad y los sentimientos religiosos. En la misma causa se sumó la Delegación del Gobierno en Navarra, durante el gobierno del Partido Popular. Más de cinco años de procesos judiciales por denuncias y querellas por diferentes obras críticas de Azcona, ante diferentes tribunales y entes judiciales. Además de declaraciones públicas del arzobispo asemejando a Azcona con Satanás, o desagradables comentarios sobre los orígenes o la profesión de la madre del propio artista. El arzobispado y la Iglesia, además, azuzaron a los católicos contra la obra de Azcona, programando más de cien misas de reparación en veinte países diferentes, en todas ellas afirmando que la obra de Azcona es la mayor ofensa a la creencia cristiana y la mayor blasfemia de la historia reciente, asemejando su figura nuevamente con el demonio, un monstruo o un violador e impregnando fotografías con su imagen en agua bendita. Decenas de multitudinarias manifestaciones y concentraciones orquestadas por la Iglesia contra Azcona, en ocasiones en las entradas de sus exposiciones, en el interior y arremetiendo contra la obra del artista, mobiliario de las galerías y museos expositivos o amenazándole de muerte al salir de los espacios o su propio domicilio. Obra también atacada y perseguida por el Opus Dei en Navarra, que apoyaron campañas de acoso a Azcona por el bien del cristianismo, insultando y amenazando al artista diariamente, mediante llamadas, amenazas a los espacios expositivos colaboradores con Azcona, pintadas en calles y su propio domicilio y ataques de diferente índole. Obra perseguida del mismo modo por la Asociación de Abogados Cristianos; entidad ultracatólica que ha perseguido al artista en numerosas ocasiones, creada para frenar cualquier atisbo de libertad de expresión si es contrario a sus postulados religiosos. También atacó y denunció la obra la Organización Nacional El Yunque, organización mexicana de extrema derecha cuyo propósito “es defender la religión católica hasta la muerte y luchar contra las fuerzas de Satanás”. La propia organización integrista, que se reconoce como ultracatólica, anticomunista, antisemita, antiliberal y de rasgos fascistas, durante varias exposiciones del artista Abel Azcona en Ciudad de México, presionaron y amenazaron con perseguir “hasta el final de sus días” a Azcona o quemar la galería de arte donde exponía en diferentes llamadas, comunicaciones y escritos al espacio cultural. Además, la Asociación de Abogados Cristianos ha sentado a Azcona en el banquillo en diferentes ocasiones con múltiples querellas criminales presentadas al Tribunal Superior de Justicia de Navarra, al Tribunal Constitucional y al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Las obras La Caída y el Secuestro de Francisco Franco Bahamonde, nacidas para ejercer una crítica sobre la figura del dictador, han sido reactivada en varias en ocasiones en El deber de reincidencia del artista en el marco de asunción de desobediencia como posicionamiento al haber sido protagonistas de persecuciones y denuncias por la Fundación Francisco Franco, demandante contra Azcona por ofensa y enaltecimiento del terrorismo, amenazas a través de sus redes y declaraciones en contra de Azcona, llamándolo terrorista y antipatriótico. Una de las organizaciones fue la organización paramilitar Al-Qaeda, Estado Islámico de Irak y el Levante y otras entidades fundamentalistas de corte islámico. Todas ellas publicaron amenazas explicitas contra Azcona durante los años 2011 y 2012 por obras como La Ingesta, crítica con el integrismo, imposibilitando al artista exponer y viajar a diferentes países como consecuencia de las amenazas. Dos años que supusieron viajar con continua protección y riesgo vital para Azcona. Las obras amenazadas fueron inauguradas previamente en Berlín y posteriormente en Copenhague, en el museo Krudttønden, donde Azcona fundó un colectivo junto a otros artistas como Lars Vilks y Bjørn Nørgaard, perseguidos y amenazados por sus creaciones, con el escritor Salman Rushdie o el caricaturista Charb, asesinado en el atentado contra Charlie Hebdo. Hasta que, en el año 2015, el edificio Kruttønden fue tiroteado y cuatro participantes del evento murieron por el atentado terrorista de Copenhague. Desde entonces, la obra amenazada, comprada y cedida por un coleccionista danés, permanece en el museo. Debido a las amenazas, el ataque terrorista y la persecución por la obra, esta fue repetida en varias ocasiones en el contexto de las muestras creadas en el marco del deber de reincidencia. La obra La Vergüenza, perseguida y denunciada por el estado del Estado de Israel, prohibiendo la entrada a Azcona en el país y declarandolo sujeto indeseable, es una de las piezas activadas y expuestas, mediante nuevas fusiones del Muro de Berlín y el Muro de Cisjordania en diferentes exposiciones. Otras obras como Political Disorder, donde Abel Azcona se afiliaba a multitud de partidos políticos españoles e internacionales como el Front Nacional, Ciudadanos, o Falange Española, por ser perseguida y criticada por políticos relacionados con el partido político republicano de Donald Trump y por el partido político de ultraderecha español VOX duramente al ser considerada una provocación y una burla hacia sus ideologías, fue incluidas y reactivada por el propio Azcona con nuevas afiliaciones a partidos de los que ya había sido expulsado con anterioridad. Nuevas pintadas de España os Pide Perdón, pieza denunciada por entidades y partidos políticos de extrema derecha según los que la pieza ataca el orgullo español, expuesta en veinte países latinoamericanos, en las ciudades donde se expone El deber de reincidencia del artista en el marco de asunción de desobediencia como posicionamiento. Otras piezas perseguidas son activadas de nuevo por el deber de reincidencia, como la obra censurada en Miami, donde niños portaban armas de fuego en una performance de Azcona contra el uso de armas en el país. Por ser atacado el edificio, rompiendo y sustrayendo piezas al ser exhibida la obra Enterrados en el interior del Monumento a los Caídos de Pamplona, teniendo Azcona que ser escoltado en varias ocasiones al llevar uno de los atacantes un arma de fuego, fue una de las obras reactivadas. Así como El Condenado a Vida, obra que denuncia del abuso y el maltrato infantil,  censurada en el marco de la Bienal de Asia, cancelada al momento de ser inaugurada al ser crítica con el posicionamiento del país de celebración en cuestión: Bangladés.



Cientos de personas participaron en la reactivación de las obras perseguidas en diferentes ciudades.

Espacio Tangente de Burgos, Espacio Incógnita de Murcia, La Eléctrica de Palma de Mallorca fueron algunos de los espacios donde se realizaron las muestras retrospectivas con todas las piezas perseguidas reactivadas.
Algunas de las obras fueron reactivadas en video por el propio artista desde el exilio en Lisboa, Portugal. Otras reactivadas por voluntarios y otros artistas en los nuevos lugares expositivos. Todas las obras fueron reaccionadas a pesar de ser perseguidas en el momento de la reactivación mediante denuncias, ataques o procesos judiciales.



 


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